La persistencia de saber escuchar: un análisis de Conversaciones con chicos de Griselda Gambaro

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La persistencia de saber escuchar: un análisis de Conversaciones con chicos de Griselda Gambaro

Mensaje  Eichman el Miér Ago 11, 2010 4:03 pm

Luego de ver Hijos del Hombre ayer por la noche me quede pensando en los niños, esas escenas sin llantos, gritos, risas, imagenes de los enanos malditos que tanto estamos acostumbrados a tener cerca... Es Terrible!
Nada, uno cuando escucha a un chico, juega con él vuelve a lo que era uno o a lo que es uno... Su esencia, su brillo.
Magia.-

Griselda Gambaro elabora su texto a partir de prestar su oído a niños desde los 6 meses hasta los 12 años. Escucha su lenguaje y se detiene particularmente en la palabra, que está ahí, implícita y persistentemente, para ser comunicada con las cosas, el mundo, los otros. Con persistencia de niña, la retoma y vuelca en conversaciones que datan de 1976 –un año emblemático para la autora, que marca su exilio en España, a propósito de la novela Ganarse la muerte, que la dictadura militar no le permite publicar-. Precisamente por este dato histórico, Gambaro decidirá omitir el interés de los niños por la política, y en más de un centenar de páginas, revelará su preocupación por los irrepetibles rincones de la infancia y los efectos de haber padecido un período de violencia y muerte, donde ella misma confiesa no haber encontrado explicaciones suficientes para dar. Sin poder obviar el contexto político que oficia de horroroso telón de estas líneas, esta mujer de vínculos muy fuertes con los niños se atreve a una genuina autocrítica cuando formula: “que los adultos no necesiten decir hablen de otra cosa”, en el equivocado impulso por proteger a los más chicos, acaso porque por aquellos años la palabra ‘política’ era peligrosa y estaba prohibida. Es por esto que en el prólogo a la segunda edición, denuncia con maestría: “(…) cada acto no sólo marca a quien lo padece, marca a las generaciones futuras y nunca habrá duelo suficiente para borrar lo que está en la memoria, reconocido o no”. Griselda vuelve sobre esos niños del 76, que al momento de la edición de Conversaciones… (agosto de 1983), son adolescentes y jóvenes a quienes les tocó crecer en un clima donde el disentimiento no constituía un derecho de la persona, sino un agravio o sospecha. A ellos les dice que deberán vencer la desconfianza, el escepticismo; aprender que el pensamiento político y la actividad que genera son instrumentos necesarios para vivir en una sociedad que se precie de valores sustentables: “Difícil camino les espera, porque no están acostumbrados a manejar la crítica, la consideración por las ideas ajenas, la acción dentro de la tolerancia” –previene-.

A lo largo de todo el texto, se percibe la idea de conversar con los niños para que ellos nos permitan (a los grandes) descubrirnos, recuperar el sentido de una época donde estábamos despiertos, abiertos a la aventura y predispuestos a lo imprevisto. La autora de medio centenar de piezas teatrales representadas en el país y en el mundo, y una vasta obra narrativa que incluye ensayos, novelas y cuentos para niños, ingresa en la arena de la infancia de la mano de sus protagonistas. Se apresura en definir que en la niñez el mundo como totalidad nos es ajeno, pero no la realidad inmediata y próxima que transformamos con nuestra mirada de niños. Cada niño accede a un trozo de mundo y lo vive no como fragmento sino como totalidad; así, la infancia se torna extremadamente vulnerable y cuando un chico no puede proteger su infancia, es decir, su derecho al juego, a la seguridad, al amor, el resultado será un hombre desdichado y resentido. Diagnóstico temible, si los hay, ya que para la autora la desdicha y el resentimiento pueden tener todos los nombres y justificar todas las acciones.

A poco de introducir los diálogos, Griselda intenta explicar el sentido de estas charlas y dice: ”los niños no conversan, hablan”. Conversar supone un esfuerzo de comunicación; en el niño, la palabra tiene una carga instantánea, no conversa, simplemente se expresa en el mundo y saltea las coordenadas de la lógica convencional. Por esto y, en especial, al promediar la infancia, su lenguaje se hace fuertemente poético. Gambaro asume haber prestado oído atento a sus decires, aceptando que el texto escrito presenta la imposibilidad de capturar la intensidad del acento, la voz fresca que redondea la frase y el gesto gracioso que la subraya. No obstante, el lector puede perfectamente imaginar a los protagonistas: la palabra posee narratividad escénica. Como en una obra teatral, confiesa haber sentido la necesidad de utilizar acotaciones; no siempre pudo responder a todas las preguntas, prefiriendo la honestidad de un “no sé” a mentir una certeza que no tenía. También, haber incluido a sus propios hijos, por ser naturalmente los pequeños más cercanos. Y con una gran, gran sinceridad, aclara no haber conversado con todos los chicos, en especial, con aquellos que provienen de realidades distantes de los entrevistados en el texto. Cita: “no conversé con el niño de ocho o nueve años que entreví en la esquina de Sarmiento y Pueyrredón, prendido del brazo de una madre que vociferaba obscenidades en completo desvarío”. Tal acercamiento lo juzga imposible: si la palabra no lleva un hecho modificador de la realidad que viven, sería mentirosa.

En ocasiones, relata situaciones compartidas, como una visita (infaltable) al teatro; en otras, sencillamente transcribe sus intensas charlas. Claramente aparece el intertexto, la propia voz de la escritora, entrelazada con las voces de sus interlocutores. Griselda describe a una niña antes de introducir el diálogo: Claudia tiene los cabellos largos y los ojos más hermosos que vi nunca. Ojos grises con un lejano recuerdo de verde. Y el lector ingresa a modo de cuento, a la pequeña narración que nos propone.

En el recorrido por estas jugosas páginas, Gambaro se aproxima a las preocupaciones infantiles por medio de preguntas persistentes, que llegan a ellos sin trampas, para descubrirlos. Hay algunas recurrentes. Por ejemplo: si te doy un cofre, ¿qué te gustaría encontrar? A menudo responden: familia; muchos años para vivir; gente feliz; felicidad. Es decir, responden por la vida. Con impecable lucidez, concluye:

A los niños no les gusta la idea del trabajo, porque a través de la experiencia que le proporciona el adulto y de la propia vivencia en la escuela, lo sienten como castigo y no como goce.

Les preocupa la muerte pero, felizmente, ella entra en la infancia y no permanece:

- Mamá, ¡el abuelo tuvo suerte!

- ¿Por qué?

– ¡Qué viejo se murió!

Los provoca los orígenes del ser de las cosas.

Todos están influidos por nuestra cultura de posesión.

Son reacios a contar intimidades: a decir lo que odian o temen, salvo cuando están en grupo y se apoyan mutuamente.

A determinada edad, se interesan por la política, a través de sus resultados visibles. Y los cuestionan ¡sin miedo!

Aman la fantasía y defienden la imaginación como un terreno inalienable: Me gusta el mar porque le tiro una nave y el mar se hunde y después la lleva a España.

Conversaciones… es un texto que se actualiza en los niños de hoy y mañana, precisamente porque la autora pregunta desde el mismo umbral de percepción que el entrevistado, con transparencia y respeto. Pero regreso a la interdiscursividad, a la poeticidad con que la autora introduce sus diálogos con los chicos: me toma la mano y la coloca sobre su cabeza. Se queda quieto y me mira solemne. Ya no es un chico y no sé bien qué es mi mano. Por el tono inocultablemente afectivo entre ambos, uno supone (y acierta) que se trata de un diálogo entre madre e hijo:

Griselda:- ¿Y ahora qué pasa?

Lucas:- Tu mano es mi corona. Y yo soy un rey.

Eichman
Invitado


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A propósito de Children of Men

Mensaje  Ricaurte el Jue Ago 12, 2010 3:31 pm

También recordando Children of Men, y más allá de la nota de las conversaciones con los niños -ausentes en el mundo futurista de la peli-, otra de las columnas críticas sobre la cual se para la película es la situación de los inmigrantes en los países "1er mundistas", y describe un futuro realmente apocalípctico y cuasi nazi para los inmigrantes. Acá va una de las propuestas de un candidato republicano en Florida -Recuerdo ahora uno de los nuevos capítulos de Los Simpson donde Kent Brockman es echado por insultar en uno de sus programas, se hace cronista independiente y luego denuncia que la Fox -de derecha y apoyada por el partido Republicano- pone al aire contenido prohibido, es castigada por la Asociación Protectora de Contenidos Peligrosos (o algo así), que es propiedad del partido Republicano también, y de esa forma arma una buena fuga de dinero en su favor, o nunca lo pierde-... Finalmente Brockman al tener éxito con sus denuncias es tentado a volver -lo van a buscar y le ofrecen gatos y guita-, y vuelve claramente...


Florida se suma a la ola antiinmigrante

La ley obligaría a un oficial de policía “a controlar si el estatus migratorio de una persona es legal o no”, dijo McCollum, un republicano que lanzó su candidatura a la gobernación de Florida para las elecciones de noviembre.

El fiscal general del estado de Florida y candidato en las primarias republicanas, Bill McCollum, propuso ayer aprobar una nueva legislación aún más dura que la polémica ley migratoria de Arizona, que causó numerosas protestas entre la población latina. “Florida no será un santuario para los extranjeros ilegales”, declaró McCollum, y agregó que “Arizona va a querer tener esta ley”, pues “nuestra versión será mejor, más fuerte, más dura y con mayor justicia”.

El funcionario anunció que tratará de endurecer sus leyes de control de la “inmigración ilegal” y de dotar a la policía de mayores facultades para detener a personas sospechosas de ser indocumentadas, según un proyecto que impulsa la gobernación. El proyecto de ley se presenta luego de una fuerte controversia por una legislación similar aprobada en Arizona, y podría incluso ser más dura que ésta, al proponer que los jueces tengan en cuenta la violación de la norma migratoria al fijar una fianza, o para elevar el grado de cargos criminales. La legislación establecería un agravante para las sentencias, de forma que si quien comete un delito en Florida es además un inmigrante ilegal se le aumentaría la pena en prisión.

El fiscal general McCollum dijo, al revelar la propuesta de ley: “Esta legislación va a proveer nuevas herramientas para proteger a nuestros ciudadanos y ayudará a combatir los problemas actuales creados por la inmigración ilegal. Se trata de un proyecto balanceado que protegerá los derechos de los que están legalmente en el país, pero también de los ilegales y será un gran avance para la seguridad pública”.

La legislación que pretende aprobar Florida permitiría a la policía indagar el estatus migratorio de cualquier persona que es detenida, por ejemplo por una infracción de tránsito, una facultad reservada hasta ahora a las autoridades migratorias. La ley obligaría a un oficial de policía “a controlar si el estatus migratorio de una persona es legal o no”, dijo McCollum, un republicano que lanzó su candidatura a la gobernación de Florida para las elecciones de noviembre.

El funcionario explicó que para requerir el estatus migratorio de alguien la policía debe tener “una sospecha razonable” de que esa persona está ilegalmente en Estados Unidos. En cambio, la policía no debería pretender trazar el perfil de alguien porque su mero aspecto le resulta sospechoso de ser un inmigrante ilegal. Tiene que ser “alguien que no presente la libreta de conducir, sus papeles identificatorios” o por una causa justificable, dijo el fiscal general de Florida. Para evitar problemas, toda persona que no sea ciudadano de Estados Unidos debería llevar consigo sus papeles migratorios para comprobar que está legalmente en el país, según el proyecto.

“Se supone que alguien que está legalmente tiene papeles que muestran eso”, dijo McCollum, y reiteró que en cambio se le aplicaría la nueva ley migratoria de Florida “si alguien no tiene papeles o no tiene un estatus legal para estar aquí”. La futura ley reforzaría los controles para contratación de inmigrantes y obligaría a las empresas a utilizar un sistema electrónico para comprobar que la situación migratoria de los empleados que contratan es legal.

La propuesta llega en un momento en que las encuestas muestran a McCollum por debajo de su oponente Rick Scott en la carrera por la gobernación de Florida, con vistas a las elecciones primarias gubernamentales que se llevarán a cabo el 24 de agosto. De este escrutinio saldrá el candidato republicano para las elecciones estatales del próximo mes de noviembre, que definirá la gobernación de Florida.

El equipo de campaña de Scott inmediatamente emitió una declaración criticando el “giro de 180 grados” de McCollum, sobre la controvertida ley de inmigración. Jennifer Baker, la directora de campaña de comunicaciones, dijo: “La propuesta inmigratoria de Bill McCollum es otro buen ejemplo de por qué no es confiable”. El desesperado político corrió a presentar un plan el lunes, que dijo que saldría en “un par de semanas”.

Organizaciones de inmigrantes estiman que unos 11 millones de inmigrantes indocumentados residen en Estados Unidos, la mayoría de ellos hispanos, que viven en estados del sur como Arizona, Texas y en menor medida Florida. En Arizona, una polémica ley que criminaliza la inmigración ilegal entró en vigor en julio en medio de protestas y un fuerte debate en Estados Unidos en el que intervino hasta el presidente Barack Obama, contrario a la medida, y quien prometió una reforma migratoria integral que regularice a los indocumentados.
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