Rápido

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Rápido

Mensaje  Batman el Jue Sep 02, 2010 8:46 pm

Rápido, como el dolor cuando no te tienen que decir nada, porque ya lo ves... Y no querés que nadie te hable, ni hablar...

Rápido como el escape, cuando sabés que te pueden agarrar, y la adrenalina te impulsa hacia adelante, y te transpiran las manos, y entre los nervios, se te sale una sonrisa...

Rápida, como la conciencia cuando te da cuenta de algo, es un segundo, y ya está, tu vida será otra de ahí y para siempre, porque lo que pensabas que era no era así, porque entonces vos tampoco sos quién pensabas que eras.

Rápida, como la reacción que genera tu estómago cuando la mirás sin parar y de repente ella se da vuelta y te mira, y todo se revuelve por dentro, porque, claro, todo corre por dentro.

Porque no somos la conciencia, somos lo que viene de adentro, eso es lo que corre por detrás y nos lleva hacia adelante, la conciencia es solo los nombres que le ponemos a lo que sucede por dentro. Pasa que, obviamente, los nombres son sociales, son una cantidad determinada, y a millones de fenómenos absolutamente diversos se les pone el mismo nombre, por eso la conciencia es social. Pero el dolor no; como tampoco es la adrenalina; ni la sudoración de las manos; ni todo lo que se mueve dentro cuando a lo que le pasa a uno mismo hay que cambiarle el nombre, según indica la conciencia; o la reacción estomacal ante los estímulos sociales...

Porque los estímulos sociales, de la conciencia, del mundo del lenguaje, generan reacciones adentro; y ese adentro genera reacciones que no tienen nombre, pero que hay que nombrar de la manera que sea algunas veces...

Rápido, interpretaciones de la conciencia que devienen en estímulos, estímulos que generan reacciones, reacciones que generan significados; y acciones...

Todo es orgánico, y de ese mundo no tenemos gobierno, así como del mundo externo tampoco. De lo único que “tendríamos” gobierno sería de la conciencia, pero no es del individuo, no es de cada uno de nosotros, es de todos, sí, pero es de nadie... Así, no sabemos quién seríamos, no tendríamos control sobre nada en lo absoluto... Entonces, lo que está más repetido en nuestras bocas y en el lenguaje: el quién, el yo, es lo más difícil de probar. Pero, a la inversa, que seamos nadie también es imposible de probar... De vuelta, lo único que podríamos ser es, al mismo tiempo, lo más improbable?

Rápido, la vida se apaga...

Batman
Invitado


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