El Goyco -La verdadera Historia-

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El Goyco -La verdadera Historia-

Mensaje  Ricaurte el Miér Sep 22, 2010 11:46 pm

El Goyco

No, cuando él llegó yo no estaba, no había ido nunca a la Quinta todavía... Pero me contaron que era de La Calle, que le tiraban lo que sobraba de la comida y el tipo lo cazaba en el aire y luego se lo manducaba, ganó aplausos y reconocimiento. De aquel talento innato le fue dado su nombre: Goyco. Fue una especie de perro puente, propio de la generación de los perros villeros que había en esa época, y sobreviviente hasta la era de los perros oligarcas, por así decirlo, que vendría después.
De todas formas, dentro de aquella generación tenía la particularidad, desde purrete ya, de generar la sensación de que era el perro del pueblo; quizás por sus atrapadas que analogaban al vasco Goycochea del Mundial 90, quizás por que ahí, cerca de la mesa, recibía restos de comida de cualquiera, y entonces todos lo querían, no lo sé con claridad, pero yo tenía la sensación de que así era...
Además, y de esto estoy seguro, era el más sucio y lleno de moscas de toda esa generación de perros que hubo en la quinta por esos tiempos... El Manchita era el favorito de Charly, pero no era el perro del pueblo, no era tan carismático y comprador con el populacho; era más tranquilo, menos sucio, no te regalaba una movida de cola así nomás. Se fue con un balazo un día que se plantó ante un malviviente armado, así pequeño como era, impresionante... Astrid, desde que yo la conocí parecía ser vieja, aunque ella era hembra, y era ovejero alemán, parecía la sacrificada del grupo, la que había abandonado su linaje puro para acercarse a luchar por los pobres, cuidándolos, arriándolos. Obviamente, como espíritu matriarcal, le correspondía la cara de sacrificio y un reconocimiento más subterráneo. El tiempo se la llevó, supongo que así correspondía... Había otros en el grupo que ahora mismo no me vienen a la mente...
Pero hoy aquí vamos a contar la historia del Goyco, que como todos los héroes populares tienen una historia marcada por la tragedia, el regreso desde las cenizas, la gloria quizás, y un final en su ley... Aunque sé que nunca dejarán de existir batallas acerca de cómo eran en realidad los héroes populares, porque cada uno quiere llevárselo para su molino; describirlo como elige recordarlo. Y yo creo que eso es lícito, y no tiene porque atacarse, porque pertenece a los dominios de la emoción y no te los estudios sociológicos, tan fallutos y grises... Yo contaré su historia brevemente, pero como la recuerdo.
El Goyco, así se le decía, era un perro negro casi completamente, con el hocico y el pecho un tanto marrones, a algunos les gustaba decir que “seguramente en su sangre existía alguna ascendencia de Doberman, o incluso de Rotweiller.” Yo pido disculpas, pero a mi modesto entender, era un perro bien callejero, sucio, y lleno de aventuras de las cuales jamás habló.
Nadie nunca supo deducir con exactitud su verdadera procedencia o edad; pero existía la sensación de que ya era mayor, que seguramente le habría tocado vivir una marginal y anarquista vida llena de riesgos, y esta suerte de aburguesamiento que era su llegada a la Quinta tenía que ver con una especie de retiro final afectivo; de hecho todos decían, desde que lo conocí, que se estaba por morir... Sin embargo nunca sucedía y los años pasaban, el tipo sufrió pocos cambios, engordó bastante, pero siempre llegabas y aparecía el Goyco saliendo desde debajo de un arbusto, caminando a saludar, sin tirarse encima tuyo -cierto es-, pero permaneciendo con la bandera de los suyos. Nunca perdió la capacidad de volar como Sergio Javier, aunque con el tiempo abandonó aquel entusiasmo de la primera época...
Vio irse al Manchi, vio irse a Astrid, vio llegar a Pandy –uno que no venía de la calle, vio?-, vio llegar a Ulises –uno que comía Eukanuba y era Gran Danés Arlequín-, vio la llegada de la pequeña salchicha, la única que podía ver la casa desde adentro; y siguió ahí... Aunque no puede negarse, con la llegada de los refuerzos estrella, el Goyco se fue corriendo de la escena, no era tan requerido, no se esforzaba tanto por mostrarte que estaba allí. Él veía, como un perro grande y maduro que era, lo difícil que es envejecer, pero la sabiduría que viene con todo aquello también... De hecho, yo tenía la sensación de que miraba a los otros perros como diciendo: “... La calle que ustedes no tuvieron hasta ahora nunca la van a tener, podrán comer Eukanuba y recibir esos besos de Botox, pero nunca van a tener los huevos que tenía un Manchita, ni aunque sean grandaneces, la puta madre...”
Pero llegó la etapa oscura, aunque no lo sé; ahora que lo pienso quizás fue una forma de Redención, de gran despedida, como esas finales que ganás 4-3 en la hora y después las disfrutás más... EL final del Goyco fue un símbolo de lo que él fue...
Una tarde de temperatura invernal, como solía hacerlo, se metió bajo el auto de Juán –el 307 blanco, ya no era el Taunus celeste- , porque estaba calentito supongo; esas mañas de viejo que se aprenden por haber convivido con la marginalidad y no tener la energías para ir a mendigar que te dejen entrar a la casa, cuando está lleno de otros perros jóvenes y favoritos adelante tuyo...
El tema es, como se desprende del relato, que Juán quiso ir a comprar no sé qué, mientras, como buen domingo a la tarde nublado, la familia jugaba a los naipes después del almuerzo en el quincho; se subió al auto y arrancó marcha atrás. Jamás olvidaré como se subió esa rueda por encima del hombro del Goyco, y los gritos del pueblo; Nooooo Juaaaaaán!!! EL Goyco!!!!
Juán, nervioso, metió marcha adelante, craso error, y lo pisó de vuelta en el mismo lugar...
Admirable la dignidad del tipo saliendo de abajo del auto, sin gritar, un lamento corto apenas; y se fue a meter abajo del libustro que estaba en la entrada, donde siempre, como diciendo: “... Porque me rompen las pelotas así, estaba durmiendo carajo...”
Lo siguiente fue complejo, los médicos de animales diagnosticaron que no tenía remedio, que se iba a ir, y que dada la edad, tener un accidente así era determinante... Ese invierno fue aún más oscuro para El Goyco, no salía de abajo del libustro, le llevaban el morfi hasta ahí porque ni quería salir, y se lo daban como se da un pésame, y él asentía con cara de Final... Se llenó aún más de moscas, de sarna, de dolor, y se encaminó a un triste final... Tanto que creo que hay un momento donde lo olvidamos, creo que hay un paréntesis temporal donde lo dimos por muerto y lo olvidamos, hasta diría que hicimos el duelo en vida...
Pero un día salió, con esos reverdeceres que tiene la primavera, que no saben de crisis económicas, de dolores y de abandonos humanos, de accidentes o fracasos; la Primavera un buen día se levanta y ahí está: Flores de vuelta, sol, calor, verdura en los colores y celestismo en el cielo... Así se levantó el Goyco, un día se puso delante nuestro sin más, dijo: Señores, volví.
Y fue increíble, porque estaba sarnoso, lleno de moscas, le faltaba pelo, pero el hombro milagrosamente, no sé como, lo tenía perfecto...
Algarabía total familiar, reconocimiento, abrazos, y por esos momentos, el pasado estaba ahí como si nada hubiera pasado; los perros de la oligarquía pasaron a un segundo plano y el Goyco volvió a atajar, como en sus mejores tardes... Lo llevaron a un médico de animales, le compraron el rejuvenecedor de cabello, con brillito, le dieron comida que él nunca había comido, y lo bañaron como se baña a los perros burgueses. Sí, después de todo aquello el Goyco tuvo el pelo brilloso, lindo, corrió sin moscas, comió bien, fue uno más...
Pero claro, él no era uno más, vio? Y sí, ahí, cuando parecía que se iba a parecer a lo que él nunca se había parecido ni había sido: ahí se nos fue...
Y está bien, está más que bien Goyco, porque nunca fuiste un perro de la oligarquía, para mí siempre fuiste ese anarquista buscapleitos, héroe del populacho, caminante solitario, hijo de los arbustos alejados, de la polenta seca y los restos de asado... De las miradas sinceras que asienten pasados pesados...
Algún día alguien contará la historia de esos perros oligarcas, seguramente no seré yo, y lo hará con todo derecho. Hoy no, hoy te recordamos a vos Goyco, como nos gusta recordarte, como quedaste en la gente, en tú gente. Siempre.
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Ricaurte

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