El “progresismo” mata

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El “progresismo” mata

Mensaje  Batman el Vie Nov 05, 2010 10:24 pm


El “progresismo” mata
Pensar hoy los desafíos de la izquierda frente a la coyuntura política nacional significa pensar el desarrollo de la lucha social después del asesinato de Mariano Ferreyra. La violencia con la que el gobierno ataca aquellos reclamos que no puede canalizar (ya sea por vía de la represión estatal o de una represión tercerizada) fue puesta en evidencia con su muerte, que visibilizó hasta dónde puede llegar este “progresismo”. Este “progresismo” que pretendió que no había reclamos que pudieran hacérsele y que ya no había en Argentina lugar para la lucha. Es eso lo que hoy está en juego.
Al interior de sociales, la política del oficialismo expresa una misma actitud. Aunque con un nivel de violencia completamente diferente, la política del kirchnerismno de la facultad frente a la lucha estudiantil fue de permanente ataque (al principio descalificando la lucha de los estudiantes y ridiculizando nuestras reivindicaciones, luego declarando el boicot a la toma y finalmente, desconociendo y ninguneando los triunfos del movimiento).
En este marco hay que plantear la necesidad de consolidar el movimiento de sociales de cara a las peleas que vienen. Peleas que tienen como claro enemigo al gobierno nacional y sus expresiones en la facultad, y que tienen que pasar también por derrotarlos en las urnas.

La irrupción de un nuevo movimiento estudiantil
Fue el contexto generalizado de movilización (impulsado inicialmente por los secundarios) lo que posibilitó la dimensión alcanzada por el conflicto de sociales. Este nuevo movimiento estudiantil, que irrumpió en las calles de la ciudad, dio muestras de su masividad y radicalidad, pero también de sus limitaciones y desafíos.
El hecho de que se multiplicaran las expresiones combativas del movimiento estudiantil en general, y de Sociales en particular, da cuenta de un proceso de acumulación de experiencias militantes de diversa índole, que confluyen a nivel juventud en lo que se dio en llamar el “ESTUDIANTAZO”. La respuesta tanto del macrismo como del kirchnerismo a este proceso fue la misma: unos y otros desconocieron su responsabilidad por la situación actual de la educación pública y denunciaron la “politización” de los reclamos estudiantiles. Frente a estos ataques, la pelea educativa se intensificó y se extendió, identificando con claridad a sus enemigos y dando cuenta del grado de conciencia alcanzado por el movimiento.
La masividad alcanzada tuvo su expresión más fuerte en la marcha en conmemoración de La Noche de los Lápices, que llenó la Plaza de Mayo denunciando a los gobiernos nacional y de la ciudad por el vaciamiento de la educación pública. Contra los pronósticos de quienes (de un lado y del otro) especulaban con que después del 16 se terminaba el conflicto, el movimiento siguió avanzando y aquella masiva demostración en la calle fue el impulso para seguir luchando y conquistar nuestras reivindicaciones.
De la mano de la masividad demostrada en las calles, la novedad de este movimiento estuvo en la radicalidad de las medidas de lucha, incorporadas muchas de ellas (cortes, escraches, acampes, toma) de la experiencia reciente del movimiento piquetero.

Notas para un balance del conflicto de Sociales
1- La necesidad de articular un frente único estuvo planteada por nuestra agrupación desde un comienzo. Entendemos que esta unidad, aún con algunas dificultades, pudo ser llevada adelante y fue la que posibilitó la potencia de un movimiento que pudo sostener en el tiempo y con consecuencia sus reivindicaciones.
Sin embargo la falta de madurez de algunas corrientes antepuso, en varias oportunidades, intereses mezquinos y especulaciones electorales por sobre la posibilidad de consolidar este frente. En lugar del debate fraterno se impusieron el intento de implantar falsas polarizaciones y la sobreactuación en las posiciones, corriendo el eje de las verdaderas discusiones que debía darse el movimiento para definir cómo ganar el conflicto (como se vio por ejemplo en los debates en torno a la modalidad de la toma o de las reuniones con el decano). Este internismo da cuenta de una falta de maduración que impide una unidad más profunda de la izquierda. La misma falta de madurez se mostró, desde otro lado, oponiendo un antitrotskismo exacerbado, que llevó incluso a conclusiones donde se cuestionaban las propias decisiones tomadas por el movimiento.
De todas formas, y gracias al esfuerzo de muchos por mantener un marco de unidad, se pudo sostener un frente único por el que es necesario seguir trabajando
2- La multiplicidad de actores que participaron o siguen participando de la pelea educativa dan cuenta de que el movimiento de Sociales formó parte de un proceso más general que, no obstante, se encontró con grandes dificultades a la hora de articular las diferentes luchas.
La fragmentación y sectorialización de los reclamos, así como la imposibilidad de armar una plataforma única son la causa de que no se haya podido lograr una articulación mayor. Si bien la simultaneidad en las medidas fortaleció cada una de las luchas no se llegó a efectuar una verdadera coordinación. Y es por eso que los sectores que continúan luchando no encuentran ya el acompañamiento que venían teniendo (por caso, el IUNA o los secundarios que aún no obtuvieron su plan de obras).
Esa dificultad para articular la pelea educativa estuvo acompañada por la falta de un compromiso claro a la hora de ponerle el cuerpo a las medidas de fuerza. Si bien la interestudiantil posibilitó algunas de las acciones más contundentes como fueron la masiva marcha del 16 o los cortes de calle coordinados, la dispersión general tendió a obstruir el desarrollo de las propuestas ahí planteadas. Cabe aquí una responsabilidad central a todas las corrientes, pero especialmente al rol jugado por la FUBA.
La pregunta acerca de hasta dónde llegó (y hasta dónde podría haber llegado) el impulso inicial plantea el interrogante sobre si el llamado a la nacionalización del conflicto -lo mismo que el planteo de extenderlo en toda la UBA- no fue más una posición discursiva que una apuesta real. Queda en este sentido abierta la discusión sobre si esta tarea fue tomada en serio por las corrientes que tienen armados a nivel nacional (partidos de izquierda, ENEOB) y que incluso conducen centros y federaciones en el resto del país.
En el mismo sentido cabe también preguntarse qué hubiera pasado con el resto de los reclamos si la toma del ministerio, que significó el triunfo para Sociales, se hubiera realizado algunas semanas antes, cuando el nivel de movilización y de actores en lucha era mucho mayor.

3- La discusión sobre cuáles eran las instancias en las que teníamos que exigir respuestas y qué expectativas se depositaban en cada una de ellas (la gestión de la facultad, el rectorado, el gobierno nacional) se encontró con frecuentes vacilaciones que generaron apuestas incorrectas a la hora de buscar interlocutores o identificar a los distintos responsables.
El kirchnerismo de la facultad intentó plantear que en lugar de exigirle una solución al gobierno -principal responsable por la situación educativa- ese reclamo debía hacérsele a la “oposición” (ya sea a en el Congreso o en el Rectorado de la UBA). Frente a esto, desde Prisma insistimos en la necesidad de discutir una perspectiva que nos posibilitara ir de lleno contra el gobierno nacional, con medidas tanto dentro como fuera de la facultad.
La reunión con la gestión (su modalidad y su televisación) permitió descomprimir la presión sobre la toma. Dio cuenta de la ineptitud del decano para dar respuesta a las reivindicaciones de los estudiantes y de la necesidad de seguir luchando: de no encerrarse en la facultad y sacar el reclamo a la calle. Este salir a la calle no podía reducirse a recorrer oficinas insistiendo con más marchas sino que debía dar muestras de la fuerza del movimiento en una acción contundente.
En el momento final del conflicto se hicieron más evidentes las limitaciones de algunas posiciones. La discusión carente de perspectiva acerca de anticipar el levantamiento de la toma estaba lejos de ser una salida para el activismo. El paseo constante por las oficinas de diferentes ministerios se había demostrado impotente para dar una resolución al conflicto. Lejos estábamos entonces de encontrar la llave del edificio único en los bolsillos de algún funcionario. En este punto es necesario plantear las discusiones que se dieron -antes, durante y después- de la toma del ministerio. El planteo previo tenía que ver con mantener indefinidamente la toma de sociales (aún cuando implicaba la posibilidad de la pérdida del cuatrimestre, la fragmentación de la AGD, el afianzamiento de un frente por derecha), especulando con que la conducción levantara la toma para así denunciarla posteriormente. De esta forma se evitaba la discusión sobre la real correlación de fuerzas que teníamos para darle una salida al conflicto. Ya en el interior del ministerio algunas agrupaciones fueron buscando diversos argumentos para justificar su intención abandonarlo: primero planteando la necesidad de “movilizar a las comisarias”, infundiendo un falso temor sobre la situación de los detenidos; luego proponiendo “realizar una asamblea afuera”. Escondían de esa manera su rechazo a la medida y a posibilidad de obtener un triunfo. Otras organizaciones planteaban que el “hecho político” ya estaba generado a las ocho y cuarto de la mañana sin importar que no nos hubieran dado ningún tipo de respuesta. Finalmente, algunas amenazaban con irse sin dar mayores argumentos. Posteriormente, y con el triunfo en nuestras manos, los balances han sido escasos y las perspectivas de discutir seriamente al interior de la izquierda no aparecen.
Desde Prisma entendemos que la toma del ministerio fue la carta de triunfo del conflicto. No como medida aislada sino en tanto inscripta en el proceso de lucha general. Se trató de una acción contundente que hizo jugar la toma de Sociales en la calle. Una medida legitimada y sentida por el movimiento en su conjunto, como lo demostraron el activismo no agrupado que le puso el cuerpo a la medida y los miles de estudiantes que se acercaron a apoyarla desde afuera.
Desafíos del movimiento de sociales
Este movimiento estudiantil tiene por delante enormes tareas. No es cuestión de “ordenarlo” en comisiones sino de mantenerlo movilizado para garantizar nuestros triunfos y dar las peleas que tenemos pendientes. En este sentido, la pregunta que debemos hacernos es sobre cuál es el centro de estudiantes necesario para encarar las luchas que este movimiento tiene por delante. Un centro combativo, que pueda contener y dar un marco de unidad a todas las expresiones de izquierda de la facultad. Un centro que pueda plantear la pelea contra el gobierno nacional y todas sus expresiones al interior de Sociales. Hablar de “unidad de la izquierda independiente” dice hoy muy poco. En primer lugar porque es una referencia sin contenido, que es utilizada discrecionalmente por fuerzas de muy diversa orientación política. Y en un sentido diferente al que, por ejemplo, le imprime nuestra agrupación. Aunque algunos se arroguen la representación de esta identidad, a la luz del conflicto no puede decirse que todas estas agrupaciones hayan intervenido con una línea clara y homogénea. Lo que hay que poner en el centro del debate es, en todo caso, cuáles fueron las discusiones de cada momento y desde ahí discutir cuál es la conducción del centro de estudiantes que puede aportar a profundizar el camino de lucha iniciado.
En la misma línea es necesario pensar estas elecciones como preludio de las obligatorias que se realizarán el año que viene. Donde la pelea será por sacar a todas las expresiones de la gestión de las juntas y el consejo. Por avanzar en una verdadera democratización de la facultad. En este sentido, el conflicto también ha puesto blanco sobre negro sobre cuál es el papel cumplido no sólo por las agrupaciones de la gestión sino también por supuestos armados opositores.
En definitiva, es necesario plantear una perspectiva militante que se construye todos los días sobre la premisa fundamental de que la independencia política de los sectores que luchan es la única garantía sobre la cual podremos avanzar en nuestras reivindicaciones. La posibilidad de enfrentar al kirchnerismo tiene que partir de un debate que este a la altura de la pelea que en Sociales venimos dando y de los enemigos reales que tenemos. Desde Prisma, hoy más que nunca, seguimos apostando a la construcción de un nuevo movimiento estudiantil.

Batman
Invitado


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